Llevo un tiempo queriendo escribir sobre la tristeza. Sobre el nudo en la garganta, sobre las ganas de llorar a todas horas, pero me he dado cuenta de que realmente no sé muy bien qué decir. Que está ahí. Que a veces no me deja dormir al mismo tiempo que no me deja salir de la cama. Que me hace querer que acabe todo pero que también empiece o que al menos vuelva al principio, a como estaba todo antes. No sé muy bien a qué me refiero con «todo» ni con «antes». Me refiero, supongo a algo que en algún momento tiene alguna gente. Lo que sea que les haga tragar el nudo, secarse las lágrimas, esperar el metro en el andén sin pensar en otra cosa que no sea cogerlo cuando llegue. No sé, eso.
22 de septiembre de 2015
10 de agosto de 2015
14 de mayo de 2015
03:36
Te escribo porque llevo toda la tarde pensando que quizá estés con otra. Y no te lo digo en plan celosa, en plan joder, que se está tirando a una tía que probablemente sea más guapa que yo, o más lista o tenga las tetas más grandes. Te lo digo en plan qué putada que estando yo aquí, sin hacer nada, tú estés lo suficientemente lejos como para no estar metidos en la misma cama, con las piernas entrelazadas, con tu mano acariciándome la espalda o yo qué sé, mirándonos sin más. A veces lo único que hace falta es tener a alguien a quien poder mirar a los ojos durante un buen rato. Lo malo es que luego quieres más, y quieres a alguien sobre el que llorar desnuda cuando las cosas te van mal aunque no sepas muy bien por qué. Y al final acabas llorando porque descubres que esa persona está a cientos de kilómetros de ti y probablemente se esté tirando a otra. O no. A lo mejor sólo está a cientos de kilómetros de ti pero está pensando también en tus piernas, tumbado en un sofá, mientras lee tu nombre en una pantalla y no se atreve a hablarte.
Vamos, que te escribo porque no estás aquí, y me gustaría que estuvieras pensando tanto como yo en estarlo.
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